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A menudo me pongo a reflexionar sobre el modo en el que la tecnología con la que crecemos nos define. Qué medios aprendemos a usar, con cuales pasamos horas divirtiendonos, cuales expanden nuestros horizontes y dejan una huella emocional en nuestra identidad.

No me gusta la nostalgia, y es una de las razones por las que siempre me acerco con escepticismo a las comunidades retro. Suelen estar llenas de “abueletes” recordando batallitas, describiéndolas con esa extraña ilusión melosa propia del narrador de cuéntame. En el libro publicado hace poco “El mundo del Spectrum” (recomendable por otra parte como recopilación de material) no me quitaba esa sensación de encima. La sensación de que todo pasaba por el filtro azucarado de la nostalgia, donde en cada punto y aparte casi podías escuchar los suspiros de añoranza. En su página reza “El libro PARA la generación EGB”, y pongo en mayúsculas la palabra porque me dice mucho de los objetivos masturbatorios del volumen. Paletadas de nostalgia condescendiente para el que en aquel momento tenía un Spectrum. Todo era “maravilloso”, desde los eternos tiempos de carga a los juegos injugables pasando por los fallos del cassette. Todo recuerdos imborrables que me hacen bostezar.

No me gusta la nostalgia por una razón muy simple: La tecnología es o no es bella. Es o no es útil. Es o no es lúdica. Es, o no es ,a fin de cuentas, Interesante. Su valor como “obra de arte” no depende de experiencias pasadas y de lo mucho que echemos de menos otros tiempos, sino de lo que es capaz de transmitirte en el momento en el que te pones a utilizarla. ¿Cómo pretendes acercar la historia a nuevas generaciones si tu discurso sólo es efectivo con gente que comparte tus recuerdos? Me dió rabia, porque tuve la impresión de que a ninguna persona joven podía interesarle aquello.

La historia requiere de los hechos, pero la apreciación no requiere de la memoria, sino de revisitar la tecnología y experimentarla tal y como es.

Soy un niño de MS-DOS que maduró usando las sucesivas ediciones de windows hasta la fecha. Yo no tenía una consola, desde mi niñez hasta finales de los 90 tenía un Pc 386 compatible, y después un Pentium II, y después un Pentium IV… y tras tres computadores portátiles más llegamos hasta la actualidad. Esta es la tecnología a la que puedo llamar “hogar”, que pertenece a mi cultura cercana. Otros niños pueden hablar de lo que suponía tener una Snes, o una Play Station, o una Game Boy, pero yo no tenía nada de eso. Eran otros paradigmas que sabía que existían, pero pertenecían a una cultura “extranjera” a mi familia. El haber tenido durante toda mi vida PCs a mi disposición, con su familiaridad en cada reiteración, ha hecho que nunca haya perdido contacto con el pasado y por tanto no lo haya idealizado. No acudo a mis recuerdos de la infancia cuando quiero hablar del Monkey Island porque lo tengo reciente. La tecnología antigua no pertenece a mi pasado, sino a mi presente, y si quiero, puedo encender mi antiguo 386 que permanece tan funcional como entonces.

¿Y por qué querría hacer eso? Pues porque es SENSACIONAL. Hace un par de semanas colgué en mi twitter una captura de esta computadora corriendo un viejo programa de windows 3.1, y uno de los comentarios que recibí fue “¡Vaya PASADA!”. Porque despierta algo en nuestro interior muy distinto a la nostalgia. Lo mismo que se siente al examinar una armadura del siglo XIII. Es admiración.

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Es cierto que no mucha gente comparte este modo de hablar que tengo. Cuando Steve Wozniac y Steve Jobs discutían en el garaje en esa (más o menos acertada) recreación que fue la reciente película de Steve Jobs con Fasbender, Wozniac alzaba la voz para decir que las computadoras no eran cuadros, a lo que Jobs respondía “¡Qué te jodan!”.

Sin embargo me consta que Wozniac era apasionado con su trabajo, y esa pasión para crear algo que hoy se muestra tan espartano como un Apple II no nace del mero pragmatismo, sino de la conexión emocional. De los sueños de futuro, de la imaginación de posibilidades. Y eso es arte. Arte tan atemporal como cualquier otro, que no necesita del filtro condescendiente de la nostalgia para ser apreciado.

Cuando visitamos un salón del automóvil y vemos un coche de los años 30, no necesitamos ninguna memoria difusa que lo acompañe. Está ahí y nos alegramos de tenerlo delante y experimentar su mera presencia, pese a que su tecnología estaría obviamente obsoleta. Si hoy día desempolvamos un Apple II, nos fijamos en su diseño, comprendemos sus interiores y finalmente lo encendemos, no podremos dejar de maravillarnos de que una máquina así exista. El teléfono que todos poseemos es millares de veces más potente que la vieja máquina de 1977, pero aun así, cuando lo usamos a diario no nos impresiona (y es un logro técnico absolutamente alucinante) porque es común en nuestro día a día. Pero cuando interactuamos con la tecnología antigua, nuestro cerebro cambia el chip, nos convertimos en una persona de otra época y juzgamos en base a lo que sabemos del momento. Así, lo que técnicamente hoy sería un salto de pulga de pronto podemos percibirlo como el paso lunar que fue. No importa que seas una persona adulta o un niño, incluso la aburrida pantalla del Visicalc ( la primera hoja de cálculo ) puede disparar nuestra imaginación al darnos cuenta de que ahorraba miles de horas a contables de todo el mundo.

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Hay en Oviedo un lugar, el local de la asociación de la comet con, donde tienen varias consolas antiguas tales como una NES, enchufadas y funcionando. Y los niños se acercan y juegan al super Mario Bros, y no les importan los gráficos ni el sonido, porque ellos saben que lo que están viendo no es historia plastificada y colocada en una vitrina para que los adultos rememoren sus buenos tiempos, sino que es un legado vivo y a su alcance.

 

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3 thoughts on “Odiando la nostalgia.

  1. Me gusta mucho tu punto de vista. Yo tuve un Spectrum y bueno, estaba bien porque no tenía otra cosa, pero cuando he intentado rejugar algo UFF, imposible. Sin embargo, vuelvo a algunos de juegos de la Master System II y me parecían estupendos entonces y ahora. Y qué decir del Windows 3.1. Se nota que le pusieron cuidado a su diseño. Como dices, son cosas que se veían entonces y se ven ahora.

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    1. Por supuesto no quiero decir que el Spectrum no fuese valioso, pero creo que tiene una de las fanbase más nostálgicas que hay, y a mi personalmente eso me cansa bastante.

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  2. En muchas partes del artículo me siento identificado. “Solo” tengo 20 años y me encanta la tecnología y videojuegos retro sin haber formado parte de mi vida y sin ese punto de vista “nostálgico”.

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